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El legado de Bachelet

por 9 enero, 2018

Después del resultado electoral del pasado 17 de diciembre, algunos analistas y personalidades del mundo político han sostenido que la derrota electoral experimentada por la Nueva Mayoría implica también que no habrá “un legado” de lo que ha sido la obra de la Presidenta Bachelet.

Por cierto, si se usa como único criterio para determinar un legado, el asegurar la continuidad de una coalición gobernante, efectivamente no habría tal legado. Pero esta es una mirada “cortoplacista”. Claramente hay otra definición que (más allá de un resultado circunstancial) pone más bien énfasis en si la políticas implementadas por un gobierno se hacen irreversibles en el tiempo, y si estas políticas lograron mover “el cerco de lo posible” en materias cruciales para una sociedad.

Margaret Thatcher por ejemplo, que terminó muy mal y (según sus palabras) traicionada por sectores de su propio partido, sostuvo hasta el final sin embargo, que su mayor triunfo era que el gobierno laborista de Blair no modificó de manera sustancial ninguna de las grandes políticas que se implementaron bajo sus años de gobierno (lo cual es mayormente cierto). Obama por otra parte, tampoco pudo asegurar la continuidad de los demócratas en el poder, ¿pero puede alguien sostener que su paso por la Casa Blanca no dejó un legado (una sociedad más abierta, tolerante, inclusiva) que más allá del traspié que significa Trump, perdurará en el tiempo ?

Cabe recordar por ejemplo, que la reforma de salud (Obamacare) inicialmente resistida por una mayoría (igual que acá con las reformas de Bachelet) hoy cuenta con una aprobación mayoritaria, los parlamentarios republicanos no se atreven a desmantelarla por el rechazo ciudadano que ello provocaría, y Obama hoy tiene índices de aprobación muy superiores a Trump (62% -38% según última encuesta de CNN). De hecho, los Demócratas tienen una buena chance de recuperar la Cámara de Representantes en las elecciones legislativas de este año.

Por eso tienen razón analistas tan diversos como Eugenio Tironi, o el ultra-conservador Axel Kaiser cuando sostienen que pese al resultado electoral, Bachelet ya dejó un legado que será difícil de desmantelar. Será tarea de otros asumir ahora el desafío de consolidar y proyectar estas transformaciones, e impedir los intentos de una “restauración conservadora” que significaría una grave regresión en un Chile, que pese a las condiciones adversas que le tocaron a este gobierno (entre otros, un precio del cobre por el suelo durante toda este período) es un mucho mejor país ahora que hace cuatro años atrás.

En nuestro caso, que la propia encuesta Cadem, que no es precisamente pro-gobiernista, indique que la Presidenta ha subido más de 20 puntos en el último año y medio, y se encuentre ahora en una cifra del 40% de aprobación (lo mismo midió Adimark en su última encuesta de Octubre del 2017) es una clara señal que pese a todas las dificultades y obstáculos, hay un segmento creciente de la población que está valorando positivamente medidas trascendentales como la gratuidad en la educación, el aborto en tres causales, el voto chileno en el exterior, el desarrollo de las ERNC, la Ley Sanna, los Parques Marinos, y así tantas otras cosas que cuando se miren en retrospectiva y sin mezquindad, confirmarán que éste fue, como bien lo señaló hace poco en otra columna el profesor Agustín Squella, un “gobierno transformador”.

Ahora, cierto que no alcanzó para asegurar la continuidad de la coalición Nueva Mayoría, pero que el candidato Piñera en la segunda vuelta haya tenido que (para asegurar el triunfo) adoptar muchas de las reformas implementadas por el actual gobierno, dice mucho sobre el legado que dejará la actual Presidenta. Porque hoy los chilenos, los que votaron por Guillier, los que no votaron, y muchos que votaron por Piñera, ya asumieron que una “sociedad decente” es aquella donde existen derechos sociales garantizados para todos sus ciudadanos, y esto es obra (con todas las vacilaciones y limitaciones) de los gobiernos de la Concertación, pero sobretodo de aquel que por primera vez desde la transición decidió iniciar un camino (largo, lleno de deslealtades, con dificultades y momentos de retroceso) que efectivamente conduzca en los próximos años a remover las bases del modelo neoliberal, y acercar a Chile a un tipo de sociedad como las socialdemocracias que existen en Europa.

Bachelet ya dejó instalado en el horizonte que otra sociedad es posible, y que hay opciones frente a los que pregonan (abusando del inmenso poder mediático que tienen) la inevitabilidad intrusiva del mercado en todas las esferas de la vida social. Por eso tienen razón analistas tan diversos como Eugenio Tironi, o el ultra-conservador Axel Kaiser cuando sostienen que pese al resultado electoral, Bachelet ya dejó un legado que será difícil de desmantelar.

Será tarea de otros asumir ahora el desafío de consolidar y proyectar estas transformaciones, e impedir los intentos de una “restauración conservadora” que significaría una grave regresión en un Chile, que pese a las condiciones adversas que le tocaron a este gobierno (entre otros, un precio del cobre por el suelo durante toda este período) es un mucho mejor país ahora que hace cuatro años atrás.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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