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Jueves, 18 de enero de 2018 Actualizado a las 03:05

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[FOTOS] Se va el año… se quema un mono

por 1 enero, 2018

[FOTOS] Se va el año… se quema un mono
El Mono y su fogata arde, junto a artefactos en desuso, el fuego consume sillones, sillas, mesas y hasta lavadoras que acompañan lo abandonado. Por tanto, la expiación no solo es espiritual, sino material y este ritual pagano es popular y marcha en paralelo a la misa de fin de año y a la Misa del Gallo de Navidad. Es en sí, un rito emergido de las periferias de Iquique, de los barrios tradicionales y populares, como La Puntilla, El Morro, la Plaza Arica y el Colorado, todos ellos con data del Iquique peruano. (Fotos: Hernán Pereira)

La tradición oral en Iquique señala que un incendio de unas bodegas de salitre salvó a la ciudad de una epidemia de viruela, el hecho se sitúa entre las décadas del 30 y del 40 en el siglo XX. Tal situación provocó que cada Año Nuevo en Iquique se quemara “salitrón”, es decir, salitre en recuerdo de la sanación, tal cual, como las expiaciones medievales. Dicho ritual se repitió durante todo el siglo XX en la ciudad, aunque hacia fines de la década de los 80, conseguir salitre era muy difícil. Esta tradición dio paso a la quema de neumáticos o fogatas de Año Nuevo que a falta de salitrón, fueron el combustible de cada 31 de diciembre. Así, el nuevo material de caucho simbolizaba el paso del Iquique salitrero al Iquique de Zona Franca o ZOFRI, dado que aumentó notablemente el parque vehicular por la venta y reexpedición de vehículos importados.

 

 

Sin embargo, las fogatas de neumáticos en cada noche de Año Nuevo tienen un nuevo ingrediente que se sitúa hacia fines de la década de los 80 y estos fueron, la quema de monos, a saber, muñecos hechos de sobras de ropa o cartón que representaban a algún personaje popular del barrio o al mismo general Pinochet que fue quemado en el barrio El Colorado hacia 1987. La quema del mono en Año Nuevo tiene su origen en un desplazamiento de la tradición de quema del Rey Momo o Mono que se hace en el último domingo antes de la Cuaresma y que simboliza los Carnavales de las poblaciones andinas que migran a Iquique y forman el ethos barrial iquiqueño. Es por ello que en cada domingo de fines de febrero o marzo, se quemaba un Rey Momo o Mono con su viuda (un hombre vestido de mujer) que simbolizaba la libertad que se tenía antes del tiempo sagrado y por ello era el momento de la transgresión o el desorden profano. Al parecer, la tradición de la fogata de fin de año, aumentó con el Mono que quema lo malo, lo que no se quiere o desea, en sí, despide o quema como un ritual medieval, que recrea la sanación de la epidemia a través de un personaje.

 

El Mono y su fogata arde, junto a artefactos en desuso, el fuego consume sillones, sillas, mesas y hasta lavadoras que acompañan lo abandonado. Por tanto, la expiación no solo es espiritual, sino material y este ritual pagano es popular y marcha en paralelo a la misa de fin de año y a la Misa del Gallo de Navidad. Es en sí, un rito emergido de las periferias de Iquique, de los barrios  tradicionales y populares, como La Puntilla, El Morro, la Plaza Arica y el Colorado, todos ellos con data del Iquique peruano.

 

 

La quema del Mono y su fogata tiene su frontera en las esquinas que marcan la territorialidad popular o barrial y muchas veces, al medio de la calle, como una barricada del tiempo que se va, despedido por el fuego e inaugura el nuevo año. Al día siguiente sus cenizas, restos de metal y alambres simbolizan la pira de material que en sí, es la pira del tiempo pasado.

Este ritual es realizado por jóvenes y niños; el mono y su fogata se preparan durante el mismo día 31 de diciembre y en la noche, al marcar las 0 horas del nuevo año. Debe haber un hombre que encienda la fogata y el mono, previamente bañado en bencina, antes era parafina, que es la versión popular del combustible, por lo cual, un persona de la familia se ausenta a la celebración y debe tener el honor de encender el mono y la fogata. Generalmente es el autor de la idea o un padre de familia o hermano menor. En el barrio El Colorado, mi barrio, las fogatas eran quemadas por Arturo Marambio, Campeón Nacional de Box o por Abraham Olguín Omonte, antes lo hacía el “Lota”, trabajador portuario que quemaba salitrón, entre muchos otros pobladores ilustres, todos ellos, hijos de la pesca artesanal.

Las fogatas y monos de año nuevo se expandieron por Iquique desde esa época hasta los años noventa. Fueron tantas que obstaculizaban el paso de los cada vez más numerosos vehículos y además, el fuego amenazó casas y hasta causó incendios en una ciudad con barrios antiguos, muchos de ellos de madera y de la época salitrera. Por ello, hacia 1997, la autoridad municipal prohibió la quema y fogatas. Ese año carros de bomberos recorrieron las poblaciones apagando las hogueras y los monos, como una prevención a los incendios, pero la tradición popular superó el orden y la higiene del Estado. La creencia en la expiación del fuego que se lleva lo malo y lo hace arder, fue mayor.

 

El fuego arde en Año Nuevo  en  Iquique. De hecho, para muchos iquiqueños, la escena final del funeral estilo vikingo que despide a Lord Vader en la luna de Endor, en el Regreso del Jedi, recordaba los Años Nuevos en Iquique, claro está un Iquique popular de barrios con casas horizontales, no el Iquique costero de condominios medidos en UF, ni de chalets del sector sur. Los fuegos artificiales, que imitan desde la década de los noventa es propio del Iquique del ciclo minero, de una costanera al estilo de Miami o Viña del Mar y de la vista desde hoteles por personas que nunca verán las fogatas, ni sus monos, porque la quema del mono es propia de los barrios, hoy llamados poblaciones. Para muchos iquiqueños son el nosotros de un Iquique que se ha mantenido desde tiempo peruano, el tiempo salitrero y que guarda relatos de memoria oral del Combate Naval de Iquique y de la matanza de la Escuela Santa María.

 

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